Publicado por Redaccion Diario55 | opinión El | Jueves 25 de junio de 2020

Me complace reproducir para los lectores amigables de esta columna la última parte de la fabulosa trilogía escrita por Juan Bosch: «Don Gato y Don Ratón». Lo completan: «General Don Gallo» y «El negocio de Doña Hormiga». El maestro del cuento dominicano e hispano lo escribió en su fase previa al exilio y lo publicó en 1934 en la revista Alma Dominicana bajo los seudónimos «Juan Niní» (este y Don Gallo) y el tercero (Doña Hormiga). como «Juanito Niní» y que por alguna razón el autor no los ha incluido en sus diversos libros ilustrados.

El escritor Miguel Collado, uno de los bibliógrafos dominicanos más importantes en su ensayo titulado «Juan Bosch en literatura infantil», dice: «Fue una sorpresa indescriptible y agradable para nosotros descubrir tres cuentos infantiles en 1999, más como fábulas Don Juan … «.

Este texto de literatura narrativa dice:

“Don Gato subió y bajó una pared una vez y miró hacia abajo para ver algo moviéndose en un barril. Contenía un poco de ron y cuando Don Gato se acercó, se lamió los labios para ver que el que se ahogaba en alcohol no era otro que su enemigo tormentoso, el joven ratón.

«Gato de compañía», gritó el desafortunado hombre, «me estoy sofocando aquí». Hazme un favor, incluso una vez.

«Lo siento, Compadre Ratón», respondió Don Gato sin piedad.

«Escucha», insistió el moribundo, «prometo aumentar de peso cuando salga de aquí y vuelva a ti para que puedas comerme».

Cuando Don Gato escuchó una sugerencia tan placentera, se detuvo, levantó la pata pequeña hasta la barbilla, como piensas, y respondió:

«No creo tu palabra, amigo Maus; pero si prometes engordar y volver, intentaré ayudarte.

Los ojos jóvenes y descarados de Don Ratón brillaron porque no se sentía muy bien en el ron que quemó sus cuencos, que fueron hechos para obtener queso.

«Te juro, Compadre Gato, que cumpliré mi promesa», dijo. Entonces Don Gato buscó una tabla pequeña, la colocó de manera que tocara el fondo y el borde del barril, y de allí vino el ratón Don, sin hueso. Cuando estaba afuera, volvió la cara y desapareció lo más rápido posible por si acaso. Pasaron días, semanas e incluso medio año. Un día, Don Gato caminó en silencio por la terraza de su casa y vio pequeños ojos brillando en el fondo de una cueva.

– Hola amigo Don Ratón! «¿Cómo estás amigo Don Gato?», Respondió la mujer cínicamente.

-¡Cómo! «¿No recuerdas lo que se prometió?»

– ¿Prometido? Don Mouse preguntó. Luego, en las mejores palabras de su léxico, Don Gato explicó el caso cuando sucedió.

– ¡Oh si! Dijo Don Mouse. Lo recuerdo muy bien

«¿Y no cumplirás tu promesa ahora?» Preguntó el gato, lamiéndose los labios al pensar en su próxima fiesta.

– ¿Lo hago? ¿Qué había en el barril, Compadre Gato?

«Ron, si no me equivoco», respondió.

El joven Don Ratón se rió a carcajadas y dijo cuando terminó:

«Si fue ron, no hay duda de que estaba borracho y usted estará de acuerdo, Compadre Gato, de que nadie presta atención a las palabras de un borracho». Y «compadre» Gato no sabía qué contestar. «JUAN BOSCH.

Como puede ver, esta fábula responde plenamente a la estructura clásica de sus elementos: es una historia corta de ficción en prosa, al final contiene una voluntad didáctica por su moralidad o enseñanza que cierra la historia, los personajes animales son humanizados y después de todo, es intemporal, es decir, no lo es en un momento determinado.



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