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75a Asamblea General de las Naciones Unidas

21 de septiembre de 2020

Su Excelencia Volkan Bozkir,

Presidente de la septuagésima quinta Asamblea General de las Naciones Unidas.

Excelentísimo Señor Antonio Guterres,

Secretario General de las Naciones Unidas.

Excelentísimos Jefes de Estado y de Gobierno.

Su Excelencia Ministro de Relaciones Exteriores.

Estimado Jefe de Delegación.

Habitantes del mundo.

Cuando representantes de 51 naciones, incluida la mía, firmaron la Carta de las Naciones Unidas en San Francisco el 26 de junio de 1945, el mundo todavía estaba en llamas.

Los horrores provocados por la Segunda Guerra Mundial seguían siendo realidades espantosas, contra las cuales la comunidad internacional había conspirado para no repetirse nunca. Fruto de este compromiso con la paz y el diálogo entre los pueblos nació esta organización.

Hoy tengo el honor de asistir a la Asamblea General por primera vez en nombre del pueblo dominicano y en cuyo nombre felicito a las Naciones Unidas por su 75 aniversario.

El mundo de 2020 es muy diferente del mundo de 1945. Y es diferente porque es mejor. Y esto se debe en gran parte a la labor de las Naciones Unidas durante estos tres cuartos de siglos para mantener la paz y la seguridad internacionales.

Promoviendo la cooperación entre los pueblos para resolver problemas globales y mantener la paz. Es porque es el punto de encuentro entre las diferentes naciones que habitan este planeta.

Sin las Naciones Unidas, la Declaración Universal de Derechos Humanos, cuya existencia es fundamental para la consagración de la dignidad de las personas, no se habría materializado. Tampoco tendríamos organizaciones como UNICEF, FAO, la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial o tribunales penales internacionales.

Las misiones de paz que han evitado tanto sufrimiento y dolor a lo largo de la historia no se habrían llevado a cabo.

El mundo de 2020 es mejor que el de 1945; pero no es perfecto. Los nuevos desafíos y amenazas traen consigo problemas globales que solo pueden resolverse mediante soluciones conjuntas y una cooperación leal y efectiva entre las 193 naciones representadas en esta asamblea.

Hace 75 años, la comunidad internacional enfrentó el enorme desafío de reconstruir después de los estragos de la guerra.

Todos estos obstáculos requirieron dedicación, imaginación y trabajo para superarlos.

Sin embargo, sería irresponsable que nos engañáramos a nosotros mismos. La historia no es lineal. En cada intersección siempre existe el riesgo de un problema que nos haga perder los objetivos de desarrollo, progreso y paz, que siempre son tan difíciles de alcanzar.

Por lo tanto, como líderes y servidores de nuestras respectivas naciones, debemos saber que si vamos a enfrentar los desafíos de nuestro tiempo solos y a nuestra manera, no habrá tasas de error cero.

Si en los 75 años de Naciones Unidas el multilateralismo y la cooperación internacional fueron herramientas útiles, ahora son indispensables. Es imperativo que todos hagan su parte.

La necesidad de realizar esta reunión de la Asamblea General por videoconferencia es ya el mejor ejemplo del principal problema que hemos enfrentado como líderes y servidores de nuestros respectivos pueblos. Covid-19 ha mantenido a todo el planeta bajo control y se suma a otras amenazas como el cambio climático, que nos afecta a todos pero es particularmente grave en países insulares como República Dominicana. No creo que exagere cuando digo que ambos peligros pueden sumar a la ecuación otros conflictos que, como siempre, son presa cruel de los ciudadanos más vulnerables.

Como miembro no permanente del Consejo de Seguridad, República Dominicana hizo un aporte especial a la agenda de protección de civiles en conflictos en el contexto del Covid-19 a través de una declaración del Presidente que fue adoptada por unanimidad por el Consejo. Ese es el espíritu que debe prevalecer en el futuro cercano cuando se trata de tomar medidas para detener la pandemia primero, extender el tratamiento y luego extender la vacuna. Ese será el espíritu para hacer el trabajo necesario para reconstruir todo lo que ha dañado esta pandemia.

La pandemia nos afectó especialmente en República Dominicana. Hemos sufrido de un sistema de protección social precario con un gasto social per cápita de $ 604 en comparación con el promedio regional de 941. Y esto a pesar de la paradoja de que somos una de las naciones de más rápido crecimiento en la región, pero hasta ahora no hemos logrado cerrar la brecha de desigualdad.

Todos sabemos aquí que esta brecha solo se puede reparar invirtiendo en salud y educación. Es por esta razón que mi gobierno está lanzando el programa de salud pública más ambicioso de nuestra historia. Lograr la cobertura universal para fin de año al tiempo que aumenta la inversión pública en el sistema nacional de salud.

Y junto a él todo un plan de fomento de la educación, que entre otras cosas dota a alumnos y profesores de dispositivos electrónicos para que Covid-19 no pierda un momento de su proceso formativo. El futuro no espera y nuestros alumnos no pueden perderse ni un minuto de su educación.

Los jóvenes deben ser una de nuestras prioridades. Tenemos que trabajar para que tengan la mejor educación posible. En este sentido, no hay mejor educación que la inclusiva. Es decir, uno que incentive la participación de los formados en todas las áreas que les conciernen.

Buena prueba de ello es la adopción de la iniciativa franco-dominicana para promover la Resolución No. 2535. Esta iniciativa fue adoptada por unanimidad en el Consejo de Seguridad en julio de 2020 para fortalecer el compromiso de los Estados miembros con la agenda. juventud global, paz y seguridad, y eso involucra a los jóvenes directamente en estos planes.

Sin embargo, es una pérdida de tiempo hablar de paz y seguridad sin hablar de desarrollo. Esta organización ya se encontraba en un proceso de reforma antes de la pandemia para poder apoyar a los Estados miembros en el logro de las metas de desarrollo sostenible de la Agenda 2030.

Es evidente que se requiere una “implementación acelerada” para lograr estos objetivos, y los países desarrollados están comprometidos con este fin.

Sin embargo, cinco años después de la adopción de la Agenda 2030, la mayoría de los países en desarrollo se están quedando atrás. Las naciones de ingresos medios como República Dominicana enfrentan un desafío particular ya que, a pesar del avance de sus economías, prevalecen las debilidades institucionales que conducen a la desigualdad.

Por tanto, es necesario cambiar esta agenda para que se corresponda con la realidad y los problemas de cada país.

Esta organización fue fundada hace 75 años con el objetivo de desterrar para siempre el “nosotros” versus “usted” o “usted” en el vocabulario de la comunidad internacional para adoptar el “todos”. Y eso es exactamente lo que Covid-19 quiere poner a prueba. Lo que predigo, sin embargo, fracasará si esta asamblea cree que esta amenaza se levanta con medidas que combinan los legítimos intereses nacionales de cada país con las soluciones globales de toda la comunidad internacional. Para ello, necesitamos trabajar en tres áreas: salud, educación y tecnología.

En el sector salud, esta reunión debe servir para crear las condiciones para el acceso universal a la vacuna contra Covid-19 tan pronto como esté disponible el medicamento. Desde aquí estamos exigiendo que la vacuna esté disponible para todas las personas del planeta. Por eso nació una organización como esta. Esté en la cima de los momentos históricos. Para ello, el papel de la Organización Mundial de la Salud es fundamental, al igual que la creación de un fondo de solidaridad mundial que actúe como reserva para ayudar a aliviar la devastación de futuras pandemias.

En educación, necesitamos compartir las experiencias más positivas en la formación, la cualificación y el apoyo en línea a los esfuerzos educativos en la política educativa.

Al fin y al cabo, la ONU debe ser motor y guía para que, gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación, el siglo XXI sea realmente el siglo del conocimiento. Por tanto, poner fin a la brecha digital es una de las prioridades urgentes de la comunidad internacional.

Sin embargo, todo avance y avance será en vano si no se tienen en cuenta los valores consagrados por esta organización en su Declaración Universal de Derechos Humanos.

– Para defender estos valores, la ONU sabe que tiene el sólido compromiso de República Dominicana. Promover una mayor dignidad humana, fortalecer políticas para garantizar la igualdad entre hombres y mujeres, proteger a los niños afectados por conflictos armados o en riesgo de ser vendidos como esclavos prostituidos. Terribles realidades que están ocurriendo hoy en nuestro planeta que moralmente estamos forzando a erradicar de una vez por todas.

Damas y caballeros:

Traigo a esta reunión el mandato del pueblo dominicano de proclamar el compromiso de nuestra nación con la protección del medio ambiente y continuar apoyando el Acuerdo de París.

Además, es hora de incluir mayores ambiciones en sus postulados. En el Consejo de Seguridad propugnamos que se examine más y mejor la dimensión de seguridad en el contexto del cambio climático, ya que un fenómeno natural puede provocar o exacerbar conflictos, especialmente en zonas muy frágiles.

La ocurrencia de fenómenos naturales y eventos climáticos extremos ocurre cada vez con mayor frecuencia. Su mayor intensidad afecta particularmente a los pequeños estados insulares en desarrollo. Esto obliga a esta organización a continuar en el camino de ver tales fenómenos no como contingencias sino como realidades comunes y repetitivas para las que uno puede prepararse cómodamente.

La lista de amenazas y problemas que enfrenta la humanidad hoy puede palidecer a cualquiera. Sin embargo, esta organización ha demostrado durante más de tres cuartos de siglo que el diálogo y la cooperación pueden lograr cualquier objetivo, por difícil y distante que sea.

Cualquiera que crea que puede cambiar el mundo por sí mismo está equivocado. Aquellos que no sepan medir su fuerza para ajustar su contribución estarán equivocados. Por eso, en nombre de los dominicanos y dominicanas, expreso nuestro compromiso de ofrecer soluciones, voluntad y trabajo de la mejor manera posible. Los casi once millones de dominicanos y dominicanas están dispuestos a hacer su parte.

República Dominicana estuvo presente en la hora de la fundación de Naciones Unidas. Hasta donde yo sé, no se trata de diplomacia, sino de futuro. Y como dijo Eleanor Roosevelt el día de la solemne proclamación de la Declaración Universal de Derechos Humanos: «El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños». Esta organización. Desde entonces, ha demostrado su voluntad y compromiso con la paz, la prosperidad, la igualdad y la diversidad global en el concierto de las naciones.

Somos conscientes de nuestro peso demográfico y económico. Pero nuestra condición nunca será una excusa para no aportar lo mejor de nosotros mismos como lo hemos intentado durante 75 años.

Ganemos nuestro sueño.

Construyamos un mundo en paz.

Un mundo de diversidad y prosperidad.

Un mundo sostenible durante al menos 75 años más.

Muchas gracias.

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