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Lucila

En los días de los profetas se hablaba del Mesías que redimiría al mundo. La Palabra sería el centro de su dominio, la pondría a disposición de la humanidad. Es verdad que la Palabra es fuente de vida y de alegría entre los hombres, fuente de luz y de energía en la lucha contra los malvados. Veremos a continuación.

En Nehemías (8:2-4a.5-6.8-10) encontramos, sobre los mandamientos divinos hechos ley y como pueblo de Dios, inclinarnos hacia estas ordenanzas del Señor, invitando, celebrando, siendo alegres, comiendo, bebiendo y esperanzado. El pueblo dirige sus oídos a la doctrina de la ley de Dios y sus caminos, porque el contentamiento del Señor es nuestro muro. El mundo alaba y acepta la grandeza del Señor como una salvación que libera, alivia y hace soñar.

Los que están en Dios viven felices y contagian su alegría por doquier. Las enseñanzas del Señor construyen vida y vida en abundancia, buscando hacer al hombre feliz, libre de opresión, humillación y contento con la construcción de un mundo mejor para todos.

Por otro lado, Corintios (12:12-30) trata de explicar cómo somos parte del ejército de Cristo como parte de él mismo, los sistemas se componen de diferentes partes que trabajan juntas para un mismo propósito. El cuerpo humano en un sistema formado por otros que sustentan la vida. El profeta compara a Jesús con el cuerpo humano, cada cristiano cumple una función diferente para dar vida al cuerpo de Jesús y profundizar en la fe, el amor y la comprensión del mundo que le rodea.

Por otro lado, San Lucas (1:1-4; 4:14-21), Jesús enseñaba en la sinagoga, en un pasaje de Isaías, afirmaba que estaba ungido por el Espíritu, teniendo poder y mandato para evangelizar a los pobres , libera a los cautivos, devuelve la vista a los ciegos, abre los oídos del opresor, abre la boca de los mudos y proclama las bendiciones de Dios.

Es evidente que en este momento se están trazando las pausas en el evangelio de Jesús, tema de sus enseñanzas. Cambiar la vida de las personas oprimidas por varios tipos de esclavitud atribuida al pecado.

Educar a los pobres de espíritu que han caído en el mal, sacar a los cautivos de la ignorancia, sensibilizar a los ciegos y luchar contra la realidad en que viven, hacer que los poderosos escuchen al pueblo que clama por su libertad, abrir tu boca a los que callan y sufren sin exigir sus derechos y los de los demás,

Jesús es el máximo ejemplo de amor, justicia, paz y redención para un pueblo que sufre y se le niegan sus derechos. Jesús es la revolución transformadora de la humanidad.



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