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De Benny Metz

La situación que estamos presenciando hoy debido a la pandemia de coronavirus ha llevado al mundo al borde de una parálisis económica casi total y probablemente nadie prevé un futuro brillante.

Este panorama, que parece sacado del guión de una película apocalíptica o del episodio más sorprendente de Black Mirror, ha provocado que millones de personas se hayan visto obligadas a quedarse encerradas en casa mientras que muchas otras se han visto obligadas a arriesgar la vida. incluso sin pertenecer a áreas de primera necesidad como médicos, policías, farmacéuticos y muchos otros héroes que están obligados por su profesión.

Pero seamos honestos, solo los tontos salen de casa innecesariamente en tal situación. El prudente que tiene que irse se vio obligado a responder la ya famosa pregunta por motivos económicos: ¿Morir o morir de hambre de COVID?

* NUEVA NORMALIDAD *

Este concepto, visto por muchos como conformista pero representa un salto tecnológico exponencial para otros, ha traído consigo modalidades como el teletrabajo, la conferencia virtual y la teleconsulta que antes estaban reservadas exclusivamente para emprendedores o autónomos, pero que ahora han invadido incluso modelos de negocio. que dependen del contacto físico con el cliente para funcionar y mantener el flujo de caja.

La “nueva normalidad” también ha tenido un impacto en el sistema educativo, por lo que aún no hay una imagen clara del inicio del nuevo año escolar y que muchos padres prefieren que nuestros hijos se gradúen este año virtualmente. Para proteger sus vidas y las de sus familias, no todos tienen la suerte de contar con las herramientas necesarias, incluidos aquellos que pueden asumirlo en términos de material, sin ir más allá de los padres en términos de responsabilidades involucradas. o tutores, en asistentes distantes de profesores.

Pero el cambio es más profundo de lo que hemos hablado hasta ahora, porque incluso llega a cambiar nuestros hábitos cotidianos, como por ejemplo: tener siempre en mente una mascarilla, tener siempre alcohol o gel antibacteriano a la mano y sin mencionar de la burocracia para llegar a nuestras casas, incluso las compras en el supermercado son cosa del pasado y hemos pasado de las visitas físicas al «delivery» de tal manera que extraños, que no saben si preferimos el plátano pinto maduro o sin manchas, los productos para elegirnos para consumir.

Por no hablar de la suerte de los centros comerciales, restaurantes, cines, bares, áreas de entretenimiento infantil, salones de belleza y una larga lista de categorías de negocios que actualmente están vacías, temporalmente cerradas, solo trabajan desde casa o ya han anunciado el cierre definitivo, lo que resultó en que más de 700.000 trabajadores formales e informales han sido suspendidos, desempleados o desempleados desde que se adoptaron las medidas restrictivas.

Y es que el coronavirus ha cambiado nuestras vidas, obligándonos a reinventarnos, a ser creativos, a ser innovadores como país y a abrazar juntos esta realidad única.

Hoy, un gobierno de unidad nacional, que apoya las decisiones de la administración que encabeza el presidente Luis Abinader, cobra cada vez más importancia para superar esta situación, prepararnos para el futuro que nos espera y, como sociedad, beneficiarnos de los cambios que eso lleva tiempo.

La esperanza puede ser difícil para algunos, pero Dios no nos dejará solos y nos guiará hacia un futuro brillante.



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