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El presidente dominicano, Danilo Medina, inauguró este lunes el Penal La Nueva Victoria, una moderna instalación con capacidad para 8.878 internos, diseñada para acabar con el hacinamiento y las condiciones inhumanas comunes en las antiguas cárceles del país.

El nuevo penal está ubicado en San Antonio de Guerra, a unos 40 kilómetros de Santo Domingo y cercano al antiguo penal La Victoria, un penal de 70 años que es «el principal símbolo de las fallas y fallas» del sistema penitenciario. Dominicanos, según el Fiscal General de la República, Jean Alain Rodríguez.

Aproximadamente 8.500 reclusos se encuentran recluidos en la antigua prisión, «hacinada» en una habitación para 1.200 reclusos. Los hombres duermen en el suelo, algunos de ellos «en el lugar donde puedan hacer sus necesidades» y sin ventilación.

La Nueva Victoria realizó una inversión de 6.966 millones de pesos en un discurso en el acto de toma de posesión, según el fiscal general.

Los fiscales aseguraron que el complejo carcelario es «el más moderno y seguro de la región» y hará de República Dominicana «uno de los pocos países que puede hablar de hacinamiento cero».

“Hemos dejado atrás el modelo represivo, en el que las cárceles eran casi una universidad del crimen”, dijo Rodríguez.

El complejo cuenta con 87 edificios, de los cuales 30 son edificios administrativos y 57 son alojamientos, divididos en cuatro cuadrantes que funcionan de forma independiente entre sí.

Entre los aspectos considerados para respetar la dignidad de los presos y sus familias se encuentra la instalación de 96 celdas conyugales y un área infantil con juegos para los hijos de los internos.

Además, se están desarrollando programas de reintegración para «romper las cadenas de la pobreza y la delincuencia», dijo el fiscal, quien reconoció que los beneficios de este plan para humanizar las cárceles a la sociedad no serán inmediatos.

Los presos serán trasladados a la nueva prisión a partir de esta semana, aunque aún no se han finalizado las obras en las vías de acceso, en la zona de talleres o en las torres de seguridad.

La antigua prisión de La Victoria ha sido un sitio frecuente de disturbios y reyertas, la más reciente de las cuales comenzó en abril del año pasado en respuesta a los primeros casos registrados de COVID-19 en la prisión.

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